La cebolla puede ingerirse asada, guisada, salteada o cruda. Si se asa a fuego lento se endulza y se torna melosa. Sin embargo, hay que tener en cuenta que durante la cocción se reduce la mitad del contenido en hidratos de carbono, proteínas y vitaminas. El propio calor esteriliza ciertas enzimas como las diastasas y oxidasas, neutralizando su alcalinidad y haciendo más tolerable su digestión.
Cuando se ingieran cebollas crudas, de preferencia hacerlo recién cortadas, ya que el estacionamiento por largo tiempo hace que el contacto con el agua las oxide y las pueda tornar nocivas.
Para evitar el lagrimeo durante la manipulación, conviene colocar la cebolla un cuarto de hora en el congelador antes de ingerirla o cortarla. Otros prefieren abrir un grifo con agua mientras de la corta o pela.